Os voy a presentar a mi madre.
Se trata de una mujer de cuarenta y tantos, casi rozando los 50, que lleva viviendo aventuras de todo tipo desde, aproximadamente los 16, cuando se casó por primera vez.
Sin tapujos diría que ha sido una mujer que no ha tenido suerte en el amor, ha sufrido demasiado. Estoy convencido que también ha disfrutado en otros aspectos de la vida.
Pero este disfrutar creo que, en gran medida, le está llegando ahora, momento en el que parece haber encontrado una naranja entera que quiere compartir frutero con ella.
A día de hoy, considero que mi madre es un ejemplo de lucha diaria -hay mucha gente luchando contra mayores y peores dificultades, seguro-, pero ella bien sabe lo que ha sufrido. Yo solo sé una pequeña parte después de ver todo lo que ha hecho por mí para impulsarme.
También me parece una persona espabilada, que ha sabido hacer de una piedra dura y tosca arenilla suave que se escurre entre los dedos y te hace sentir un dulce cosquilleo. En algunos casos, supongo que como nos pasa a todas y todos, esta habilidad ha resultado desfavorable o cruel para algunas personas, negativas para sus vidas, pero siempre ha intentado hacer lo mejor para todas las personas.
Por último, destacaría de mi madre su permisividad, su comprensión. Si bien, con los años se está volviendo más testaruda, incluso pasa un poco más de todo, pero siempre ha estado abierta al diálogo y a ofrecer nuevas oportunidades -aunque tenga muy mal pronto-. Por lo menos conmigo sí que ha sido así, que de trastadas he hecho muy grandes.
Ahora, que ya soy prácticamente independiente -y espero que mi hermana no tarde en serlo- espero que mi madre disfrute mucho de sus tardes interminables de lectura, de sus cigarritos y cafés tranquilos con su pareja y que siga formándose en todo lo que le gusta mientras le llega una oportunidad laboral acorde a sus habilidades.
Acciones memorables es difícil recalcar solamente una, pero le doy las gracias por ser fuerte y luchar con y por mi hermana y por mí cuando estaba sola, trabajando más de 12 horas diarias y nunca nos faltó de nada. Y no solo nada material, tampoco un abrazo dado a tiempo, una sonrisa dedicada y un tirón de orejas cuando era necesario. Esto último solía ir acompañado -después del tirón- de una reflexión.
Puedo compartir con vosotras y vosotros que mi madre es como una "más mejor buena amiga".
No hay comentarios:
Publicar un comentario